sábado, 14 de febrero de 2009

Razones para el NO

Para su consideración. Muy cordialmente, Germán Carrera Damas.

Reiteración fiel de mi Mensaje histórico extraordinario,
enviado el 26 de noviembre de 2007.
MIS RAZONES PARA DECIR NO
Germán Carrera Damas
Historiador

La sociedad republicana venezolana enfrenta, activamente, la más grave amenaza encontrada en su larga marcha hacia la democracia. La sociedad republicana se siente agredida en sus fundamentos históricos e ideológicos. Los sobrevivientes de la República liberal autocrática, ahora en su más cruda expresión militarista tradicional, abandonan la máscara del desprestigiado bolivarianismo y se ponen la del manido socialismo autoritario. Y echan mano de un nacionalismo que no les estorba al subordinarse a la más torva de las dictaduras caribeñas.
No debemos dejarnos confundir por los artificios seudo ideológicos, No libramos un enfrentamiento de concepciones sociopolíticas, o político-económicas. Encubierta por la hojarasca de las consignas supuestamente revolucionarias acecha la víbora que busca inocularnos con una mezcla de escepticismo y resignación, que nos haga presas fáciles de tramas cuartelarias dirigidas a la invalidación de nuestra capacidad de defender la democracia, tan costosamente conquistada por la sociedad venezolana.
No son menos fundadas que numerosas las comprobaciones que inducen, al ciudadano, a negarle confiabilidad a los canales institucionales previstos para que se exprese la voluntad del pueblo venezolano. No requieren de nueva comprobación el ventajismo, ni la combinación de ilegalidad e ilegitimidad de los procedimiento y recursos electorales. Nada resta por añadir a la descarada conducta del Poder público en todas sus ramas. Le sobran razones, al ciudadano consciente, para dudar de la eficacia de su participación en la toma de decisiones políticas. No vacilo en admitir que comparto tal convencimiento.
No obstante, han entrado en escena dos factores que me obligan a reconsiderar lo que daba por ya establecido. Los resumiré:
En primer lugar, había concluido, y así lo consigné por escrito, que la certidumbre de que la democracia prevalecerá tiene uno de sus principales soportes en el hecho de que los venezolanos recordamos la democracia. No la anhelamos ni la imaginamos, como lo hacen pueblos hermanos. Dicho sumariamente: estamos comprometidos en la defensa de algo que nos pertenece por haberlo conseguido con nuestro esfuerzo.
En segundo lugar, también resentía, como muchos, la escasez de lucidez y coherencia, en algunos grupos y personas que debíamos mostrarnos como más decididos en el cultivo y orientación de la voluntad de defensa de la democracia, voluntad sin embargo presente y activa, de manera reiterada y espontánea, en varios millones de venezolanos.
La conjunción de estos factores tendía a lanzar los ánimos por el despeñadero de la desilusión. Pero la sociedad venezolana ha generado el antídoto, y lo propone en forma que mueve al más encendido entusiasmo.
Quizás nada me ha provocado tanta satisfacción como el verme felizmente llamado a revisar el que consideraba un criterio de probada elocuencia, como lo era el de poder recordar la democracia. Ahora estamos en presencia de un relevo generacional que no asume la democracia como recuerdo, sino que la abraza como condición de su propia existencia, y hace de la correlación entre la democracia y la libertad su razón vital.
Pero no es menor el beneplácito que me produce el ver surgir un liderazgo social, individual y colectivo, que despliega insospechados recursos de serenidad, lucidez y determinación; llevados esos recursos a un punto tal que desconcierta a los agentes de la arrogancia, la prepotencia y la confabulación con oscuras fuerzas internacionales, también opresoras de sus respectivos pueblos.
El saldo de esta confrontación de factores está, para mi, muy claro. Me echo a la espalda todo cuanto pudo ser reserva, por fundada que fuere, y me dispongo a ejercer mi democracia, recordada y reivindicada, practicándola el 2 de diciembre, y a dar mi más deliberado y desinteresado respaldo al naciente liderazgo individual y colectivo asumido por la juventud venezolana. No vacilaré, No.
Caracas, 26 de noviembre de 2007 / Caracas, 8 de febrero de 2009.